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10 consejos de inteligencia emocional para educar niños felices

Una preocupación frecuente en los padres es el futuro de sus hijos. Queremos que nuestros hijos triunfen; que su vida sea mejor que la nuestra; que tengan más oportunidades y sean...
Jan 19, 2021

Una preocupación frecuente en los padres es el futuro de sus hijos. Queremos que nuestros hijos triunfen; que su vida sea mejor que la nuestra; que tengan más oportunidades y sean más felices.

Pero a veces olvidamos que una de las mejores ayudas que podemos ofrecer a nuestros hijos es a través de la educación para vivir y ser mejores personas.

Y creo que la educación es más que acumular títulos académicos. Si bien son importantes los títulos, estos no están relacionados con la calidad humana, ni con los valores ni las habilidades más básicas para relacionarnos y tener una vida plena.

Por todo lo anterior, en el artículo de hoy comparto contigo aspectos importantes sobre la inteligencia emocional y cómo mejorarla en tus hijos.

Empecemos por lo básico.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la habilidad para identificar y gestionar las emociones, propias y de las personas que nos rodean.

Una persona con una alta inteligencia emocional es capaz de:

  • Identificar las emociones de los otros al analizar su lenguaje verbal y no verbal.
  • Utilizar sus emociones junto al pensamiento racional para conseguir mejores resultados y resolver los problemas de cada día.
  • Regular sus emociones y que estas se expresen de manera apropiada.

La inteligencia emocional se desarrolla, se entrena, se mejora. Aunque es cierto que existen personas más perspicaces que otras de manera innata.

Todos conocemos personas encantadoras, que nos caen bien desde el primer intercambio, que son simpáticas y nos gusta estar cerca de ellas.

La inteligencia emocional en los niños

Aprendemos las respuestas emocionales de nuestros padres.

Somos calmados y pacientes o nos enfadamos con facilidad y explotamos de rabia porque hemos aprendido que esa es la manera de gestionar nuestras emociones. Los niños ven e imitan los comportamientos de los adultos que los rodean.

La pregunta importante ahora es, ¿qué tipo de educación emocional das ahora mismo a tus hijos?

Y te invito a reflexionar…

¿En tu hogar se premian las presiones y caprichos expresados a gritos o con pataletas?

¿Hablan entre los miembros de la familia como si estuvieran enfadados entre sí?

¿Se falta el respeto a los más pequeños con burlas o maltratos?

Todo lo que hagas hoy ante tus hijos queda registrado en ellos, y será lo que probablemente reproduzcan en sus hogares del futuro, a menos que entiendan la necesidad de cambiar y busquen recursos para evolucionar.

Si estás leyendo este artículo encontrarás respuestas, pero primero quiero que entiendas cuán importante es la inteligencia emocional.

Inteligencia emocional vs. Cociente intelectual (Intelligenz-Quotient o IQ en alemán)

¿Una alta inteligencia emocional es tan importante como tener un alto IQ?

A grupos de profesionales en los años 50 se les hizo una serie de preguntas al graduarse de la Universidad de Berkeley en Estados Unidos. Estas preguntas evaluaban su inteligencia emocional e IQ. Al pasar 40 años se buscaron referencias de ellos en medios de prensa y a través de otras fuentes. Se comprobó que los que tenían mayor inteligencia emocional habían obtenido un mucho más éxito y prestigio profesional que aquellos con un alto cociente intelectual.

¿Quiere esto decir que es más útil una alta inteligencia emocional que el IQ? En mi opinión ambas cuentan.

Pero lo cierto es que las emociones nos ayudan a tomar decisiones. Estas apoyan el pensamiento lógico-racional y otras habilidades cognitivas (la atención, la memoria, solución de problemas, comprensión, etc).

Algunas investigaciones demuestran que las habilidades sociales y emocionales mejoran el funcionamiento del pensamiento racional.

Dicho esto, te cuento algunos consejos de inteligencia emocional que ayudarán a tus hijos.

Consejos para aumentar la inteligencia emocional en los niños

Reconocer sus emociones

Cuando son pequeños puedes pedirles que identifiquen cómo se sienten; que le pongan palabras si pueden, que lo dibujen, que lo expliquen… Y es igual de importante que sepan por qué creen que están felices, desilusionados, nerviosos, tristes… Pregúntales cómo se sienten y por qué se sienten así con frecuencia.

Hablar en familia con naturalidad de las emociones

Se habla de qué hay para cenar, pues también debemos incorporar en la conversación cotidiana información sobre cómo nos sentimos. Así evitamos que las emociones crezcan y se hagan desproporcionadas, en especial las negativas. Explica a tus hijos qué te hace feliz y qué no te hace feliz y (lo más importante) dedica tiempo a escuchar sus opiniones al respecto.

Reconocer las atmósferas de los sitios que visitan

Educa a tus hijos para que sean observadores de los sitios y personas que les rodean. De esta forma podrán adecuarse mejor a diversos entornos. Si el sitio es silencioso y calmado (una biblioteca), no deben irrumpir dando gritos. Si entran en un sitio donde están todos felices y sonrientes (una fiesta) que puedan integrarse en esta atmósfera con una sonrisa empática y un saludo cordial.

Prestar atención a los otros

Todos necesitamos atención. A los niños se les debe enseñar a atender a los otros. Atender significa hacer elogios y preguntas que demuestren interés. Que sus actos sean coherentes con sus palabras y muestren que se preocupa por los otros. Podemos motivar a los niños para que hagan pequeños actos que beneficien o a otros. Son válidos gestos tan sencillos como compartir un caramelo con un amigo o no reirse de un compañero que se cae.

Aprender el lenguaje del contacto

El contacto y la caricia se aprende a partir de lo que nosotros como padres o madres les enseñamos. Debemos abrazar, besar, tomar a los pequeños de la mano, acariciarlos siempre y demostrarles nuestro amor y apoyo incondicional.

Limitar la exposición a la violencia

Sabemos que hay muchos juegos violentos en la actualidad y que por todos lados llegan malas noticias de actos abusivos, groserías y brutalidad. Mientras más violencia “vean” más crece su umbral de reacción ante ella.

No debemos construir una burbuja para nuestros hijos, pero tampoco conviene que se expongan a la violencia que no entienden. Si algo así pasa, como padres debemos decirle que ellos están protegidos y explicarles lo que han visto por qué ha pasado. Definirles qué es correcto y qué no con respecto a la violencia.

Controlar los programas de TV, videojuegos, Internet, etc.

Debemos estar atentos a los mensajes que reciben los niños. Es fácil dejarlos frente a la televisión o la playstation por horas, pero no es bueno. Define una estructura y disciplina en los tiempos que se dedican a estas actividades. Sé claro y firme en qué tipo de programas consume. Los niños no deben ver telenovelas, ni películas para adultos, ni leer periódicos… La edad para consumir como adultos ya les llegará.

La inteligencia emocional y los animales

Las mascotas pueden educar a nuestros hijos en la expresión de sus emociones. Que un niño crezca en contacto con la naturaleza y los animales les da habilidades para relacionarse con otras especies.

Dedicar tiempo a jugar, cantar, leer y estar juntos

El tiempo de calidad que dedicas a tus hijos los prepara para la vida. Crea espacio para estar con ellos y que a través del juego descubran el mundo. En especial si son juegos en grupo que les ayudan a desarrollar sus habilidades sociales.

Disciplina, sí; maltrato, no

Aunque en la generación de nuestros abuelos una buena sacudida era un remedio para calmar a los niños malcriados, hoy está demostrado que no es necesario ni conveniente. El maltrato físico no educa, sino que genera rebeldía y puede perjudicar a largo plazo su desarrollo.

Conclusiones…

Llegados a este punto, estarás pensando en que hay cosas que debes cambiar, que educas a tus hijos de la mejor manera que puedes, que a veces estás cansado o cansada, que te falta tiempo para hacer todo lo que quisieras y los hijos no vienen con manual bajo el brazo.

Tienes razón.